La IA, el empleo y los jóvenes: oportunidades y amenazas en el nuevo mercado laboral
Con el rápido avance de la inteligencia artificial, se instaló en el debate público una pregunta recurrente: ¿cuántos trabajos va a reemplazar esta nueva tecnología? Esto parecía particularmente relevante para los jóvenes, que verían disminuidas sus capacidades de ingresar a un mercado laboral donde sus funciones profesionales serían crecientemente automatizadas.
Sin embargo, para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), adoptar solo ese enfoque resulta insuficiente. El verdadero desafío residiría, según este organismo, en comprender cómo cambiarán los trabajos que continúen existiendo, qué consecuencias tendrá la IA sobre los trabajadores y cómo adaptarse a este escenario.
En la nota “Repensando el impacto de la IA en el futuro del trabajo”, Sher Verick, asesor del Director General Adjunto de la OIT, sostiene que el debate debería prestar mayor atención a la calidad del empleo. “La IA impacta las tareas y no eliminará la mayoría de los empleos por completo”, explica Verick.
El cambio, por lo tanto, no necesariamente implica la desaparición de una ocupación, sino una transformación de las tareas que realizan las personas, aunque si puede afectar grupos específicos. Este sería el caso de las mujeres –expuestas a la automatización, por su fuerte presencia administrativa- y los jóvenes que ingresan a un mercado laboral en transformación.
A su vez, la OIT señala que la tecnología puede abrir nuevas oportunidades de capacitación y empleo para grupos con dificultades para trabajar. Por eso, su futuro dependerá menos de la tecnología por sí sola que de las decisiones que adopten gobiernos, empresas y trabajadores, y recomienda impulsar políticas de protección social y desarrollo de habilidades digitales.
La organización sostiene que será necesario invertir en formación para que los trabajadores puedan adaptarse a los cambios y, al mismo tiempo, ayudar a las pequeñas empresas y a los países con menor desarrollo tecnológico a reducir la brecha digital. Se debe “evaluar tanto los beneficios como los desafíos derivados del desarrollo y la implementación de la IA”, señala Verick.
Así, el debate sobre la inteligencia artificial y el trabajo deja de ser solamente una cuestión de empleos que desaparecen. El interrogante central pasa a ser qué tipo de trabajo quedará después de la transformación tecnológica y quiénes estarán en condiciones de beneficiarse de ella.
No obstante, donde el impacto de la IA comienza a sentirse con especial intensidad entre quienes buscan su primer empleo. En este punto, el investigador Gary Marcus advierte sobre un problema que va más allá de la eventual sustitución de tareas: el riesgo de que los jóvenes pierdan oportunidades de aprendizaje a medida que las herramientas de IA asumen parte de las funciones que tradicionalmente les permitían adquirir experiencia.
En declaraciones recogidas por el Financial Times, Marcus señaló que “los jóvenes se vuelven dependientes de la IA, no aprenden mientras la utilizan y no desarrollan habilidades de pensamiento crítico”. La advertencia es clara: si los nuevos trabajadores utilizan estas herramientas para resolver tareas que antes realizaban solos, desarrollarán menos capacidades para asumir, luego, mayores responsabilidades.
Esto es más relevante a la luz de los datos analizados por el economista Erik Brynjolfsson, junto con Bharat Chandar y Ruyu Chen, en una investigación del Digital Economy Lab de Stanford. Ya en 2026, encontraron que el empleo entre quienes tienen 22 y 25 años en ocupaciones especialmente expuestas a la IA se encontraba un 19% por debajo de lo que habría ocurrido siguiendo la trayectoria en ocupaciones menos expuestas.
El fenómeno no parece explicarse principalmente por una ola de despidos. Según la investigación, el ajuste se produce sobre todo a través de una menor contratación de trabajadores jóvenes para puestos de entrada. Los autores advierten, además, que el efecto se concentra especialmente en ocupaciones en las que la IA puede sustituir tareas que antes realizaban trabajadores humanos.
Este dato introduce una dimensión especialmente relevante en el debate: si las empresas utilizan la IA para realizar las tareas que tradicionalmente quedaban a cargo de los trabajadores principiantes, los jóvenes podrían encontrar mayores dificultades para conseguir ese primer empleo que les permite acumular experiencia.
A la vez, los datos no permiten concluir que la IA esté destruyendo de manera generalizada el empleo juvenil. La investigación de Stanford encuentra un efecto particularmente marcado en determinados grupos y ocupaciones, mientras que otros estudios y análisis muestran que las empresas también están comenzando a rediseñar los puestos de entrada para incorporar la IA y modificar las tareas de los más jóvenes.
El desafío, entonces, no consiste solamente en prepararlos para utilizar nuevas herramientas tecnológicas que les permitan estar a la par de las nuevas demandas del mercado: también implica garantizar que la transformación digital no cierre a los jóvenes las puertas de entrada al mundo del trabajo, ni elimine los espacios donde las nuevas generaciones adquieren experiencia.
En este punto, las advertencias de Marcus y los datos de Brynjolfsson complementan el diagnóstico de la OIT: el futuro del trabajo no se define únicamente por cuántos empleos puede automatizar la IA, sino también por qué oportunidades tendrán las nuevas generaciones para ingresar, aprender y construir su propia trayectoria laboral.